lunes, 12 de abril de 2010

El brillo de una estrella


En una noche vacía, Manolo caminaba por la vereda, con un cigarro en la mano y en la otra una carta sellada. Miraba al andar fijamente todos sus movimientos. El aire era frío y como nunca, cantaba sin piedad. Llegó a la esquina y vio el semáforo en rojo. En aquella calle no había nadie, ningún alma, pero algo le prohibía cruzar. En ese momento una voz apareció de la nada a su lado. No se miraron, tan solo esperaban al semáforo cambiar.

- ¿Solo por esta calle?
Solo caminaba.
- ¿Que noche mas oscura, cierto?
Es raro.
- ¿Raro?
No hay nadie por la calle.
- ¿Y acaso no es mejor así?
No lo sé.
- Siempre es mejor asi, puedes ver todo con claridad.
Yo no veo nada, desde hace tiempo dejé de ver.
- Oh! ... Casi todo el mundo ve con los ojos, es algo muy valiente lo que tu haces.
Gracias.
- Yo no llegué a acostumbrarme.
¿También lo intentó?
- Millones de veces.
Millones es una palabra muy grande.
- Así es. Millones de veces.
...
- ¿Porqué no la lees?
¿Perdón? ¿A que se refiere?
- La carta, desde hace un buen rato que te reclama.
No puedo, sería volver a recordar.
- Recordar aveces es bueno.
En este caso no lo creo.
- ¿Viene de alguien en especial?
De alguien ...

El semáforo cambió a verde. Manolo cruzó sin despedirse, tenía prísa llegar a un lugar no definido. Sus pasos eran firmes y seguros, pero su mente se quedó en esa esquina. No podía, tenía que correr porque llegaría tarde. Cansado e inconciente se hechó en el pasto. Miró hacia el cielo, estaba azul y todas las estrellas se encontraban presente. Sintió que había llegado el momento. Con nervios en las venas abrió el sobre. Sacó una hoja y la leyó sin ver: "El brillo de una estrella te ayudará"

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