viernes, 15 de octubre de 2010

En busca de María.

Un día Rodolfo salió a un bar. Descontrolado y un poco atareado quiso tomarse unos tragos con su soledad, agarró su llave y salió del departamento en el cual siempre había sido un soltero. Esta vez no fue a su bar preferido sino a uno mas cerca del hogar por el hecho de que no llevaba el carro y porque sabía que se iba a embriagar. Entró y para sorpresa de él lo recibieron de buena manera, jaló una silla y se sentó en el lugar donde siempre habitúa estar. Primero pidió una cerveza, algo común y barato. No tenía ningún motivo porque brindar o festejar, simplemente tomaba y tomaba sin parar. Uno, dos, cuatro, diez, quince... caramba si que Rodolfo sabía aguantar todo ese alcohol. Por algún motivo estaba triste, por algún motivo decidió tomar ese día, pero ni su soledad ni él quisieron decir alguna palabra en todo ese trayecto. Solos como dos desamparados tomaron en ese bar hasta no saber mas de sus vidas. Parecía que ya era muy tarde, pero Rodolfo por todo el alcohol que había consumido no podía distinguir ni su propia sombra, solo veía bultos andantes que entraban y salían del bar. Una voz muy dulce y pasiva pronunció una risa muy pícara al lado de Rodolfo, volteó rápidamente y quiso mirarla a los ojos, cosa que no pudo hacer. Hablaron mucho, creo que se hicieron amigos. Era una mujer alta con cabello castaño y unos ojos muy grandes. Rodolfo no podía distinguir mas detalles de ella porque el alcohol no lo dejaba, pero tan solo se dejó llevar por esa mujer que le brindaba tanta confianza y que por lo menos no lo dejaba solo. Su nombre era María y su voz una canción. Hablaron hasta que el bar tuvo que cerrar, Rodolfo no podía ni caminar por eso su soledad y María lo tuvieron que ayudar para llegar a su departamento. Rodolfo cree que la invitó a pasar, y ahí se quedaron hasta que ya no pudo recordar. A la mañana siguiente Rodolfo despertó en su habitación, estaba con las sábanas enredadas y tenía un olor a mujer, un olor a María. Por lo menos podía recordar su nombre y alguna que otras cosas que hablaron durante la noche, pero no recordaba nada mas, no sabía porque estaba echado en la cama con un olor a ella. Se pasó la mano por la cara y fue directo a la cocina por un vaso con agua, se dirigió a la sala y se desplomó en el sillón. Quería recordar pero no podía, algo no lo dejaba volver a vivir lo de la noche anterior. El agua al parecer le hizo recordar los besos de María, sí, se besaron y para Rodolfo fue el mejor beso de su trabajosa vida. No podía olvidarla, no podía dejarla de pensar. Esa noche salió a buscarla de nuevo, pero esta vez si estaría sobrio para recordarlo todo. No se encontraron. Rodolfo es un hombre soltero que desde hace ya varios años decidió quedarse así, pero con María todos sus planes y todos sus sueños cambiaron. María no aparecía y Rodolfo comenzaba a entrar en una locura. Comenzó a buscar en las guías telefónicas a todas las Marías, las llamaba y las citaba a una cena. Algunas aceptaban, otras no. Salía y salía con mujeres llamadas María. Conocía y conocía pero ninguna era su María. Buscaba en los periódicos, en las revistas y en las redes sociales. NO ESTABA. Rodolfo no descansaba en paz y escribió un libro sobre ella, hizo sin duda lo posible por encontrarla pero ella vivía en un mundo donde él no se ubicaba. Con el pasar de muchos años Rodolfo aprendió a vivir con el recuerdo de María, no la llamaba, no la buscaba simplemente la extrañaba. Leía todas las noche él libro que escribió sobre su historia de amor, y lo leía para ver si esa noche regresaría a él.

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