sábado, 9 de octubre de 2010

Y esa sonrisa también me dolió.

Teo salió muy temprano de su departamento en busca de calor, no tenía una dirección exacta, simplemente decidió caminar. Su cabello estaba alborotado, cualquiera que lo viera por la calle pensaría que es un desquiciado pero en realidad es una chico con pocas alternativas y que muchas veces no le gusta pensar. Tenía una camisa de colores que combinaban perfectamente con su pantalón gris, unas zapatillas negras (sus preferidas) y sus pulseras de la mano izquierda de toda la vida. Como lo dije simplemente decidió caminar, pero en ese andar sin rumbo notó que su piel se ponía un poco seca, se preocupó al ver que no había ninguna sensación extraña en él pero no le tomo importancia ya que el aire fresco lo hacía volar. Por ahí sus labios y garganta le reclamaron cualquier cosa que fuera líquida, así que decidió detenerse en un café. Al salir con un café bien cargado en la mano, vio que en el kiosco de al frente alguien sobresalía de todo ese tumulto de personas desesperadas por leer el titular de "El Comercio", era una chica simple y sencilla que compraba una goma de mascar como para que el sabor a fresa le agregara un poco de dulzura a su mañana. Tenía un moño bien alto, su cabello negro, muy negro y su piel suave tenía un olor a canela, tan fuerte sería ese olor que lo pudo sentir desde la esquina en donde estaba parado y al mismo tiempo pudo hacer que su café cambiara de sabor. Se dio cuenta que la conocía pero por alguna u otra razón esta vez decidió cambiarle el nombre. Ella no lo vio. Después de pagarle al dueño del kiosco, se dio media vuelta y Teo pudo ver claramente que un mechón de su cabello negro se resbalaba suavemente por su espalda y comenzaba a jugar con el aire que pasaba por ahí. Ella comenzó a caminar a paso ligero y travieso, y él se comenzó a desesperar por el miedo a no volverla a ver de esa forma tan intrépida y transparente. Caminaron juntos, así quiso creerlo Teo, ella en una calle y él en la otra. Laura (el nuevo nombre de ella) sacó de su bolso unos lentes negros y se los puso con mucha tranquilidad, en cambio Teo no dejaba de mirarla y pensar que la chica que no existía estaba postrada en sus ojos. Y así fue que al llegar a la esquina ella tomó un taxi y se dirigió a un camino donde Teo desconocía. Las alternativas no aparecieron esta vez, y fue en ese momento en que Teo se descontroló y no supo que hacer, tan solo ver como el taxi se alejaba de sus ojos y trasladaba a esa chica de su mundo a un lugar mas seguro. Al día siguiente Teo volvió a caminar muy temprano, salió con la idea de que era un día nuevo, pero una parte de el deseaba volver a encontrarla, volver a verla con esa manera tan tranquila y extranjera. No sucedió. Tuvieron que pasar algunos meses para volverla a ver. Fue un viernes en que él caminaba por Miraflores, fresco y con mucha ansiedad decidió volver a buscar calor, y como cosa de magia o quien sabe que será, él al doblar la esquina se tropezó torpemente con algo que en ese momento no pudo definir. Tuvo miedo de haber lastimado a esa cosa tan frágil, y al levantar la vista, sus ojos volvieron a presenciar esa escultura hecha por las dos personas mas puras que puedan existir. Era ella, era Laura. Las palabras de Teo se escondieron detrás de su mirada, y sus ojos transmitieron un brillo del cual pudo cegar un poco a Laura. Silencio total de parte de Teo. Dolor un poco intenso y curiosidad de parte de Laura. Él quiso decir algo como para poder escuchar su voz y así recordar un poco su nombre verdadero, pero su garganta se secó y no lo quiso ayudar en su encuentro con lo divino. Ella con esos ojos que endulzaban a cualquiera, le dirigió una sonrisa, no amistosa sino comprometedora, se agachó y recogió su goma de mascar que esta vez era sabor a sandia. Se fue. Teo anonadado no volteó, sus pies se congelaron y sus manos se derritieron, se dio cuenta que el calor se fue con ella y que esa sonrisa le dolió. De regreso a su departamento, se puso a pensar y pensar en lo estúpido que fue al comportase como un pedazo de caca, pero hubo algo que no lo dejó tranquilo y lo que no pudo entender fue porque ella compra una goma de mascar para endulzar su mañana, si con el simple y sencillo olor a canela que ella deja puede endulzar hasta el sabor de un café bien cargado.

3 comentarios:

  1. al conocerte pense q eras especial... ahora se xq!

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