sábado, 27 de julio de 2013

En que momento se jodió el Perú?

Peruano.
La pregunta sigue vigente hasta el día de hoy, ¿en qué momento se jodió el Perú?.
Hace décadas que buscamos la respuesta, y siempre le terminamos echando la culpa a quienes nos han gobernado. Es mas fácil decir que nuestro Perú se hundió por la reforma agraria de Velazco, porque el arquitecto no le dio importancia al terrorismo. Por culpa del primer gobierno de Alan y su tren cargado de inflación e inoperancia económica. Por culpa del auto-golpe, los bladivideos y la corrupción en el gobierno fujimori. Por culpa de los whiskys y la hora cabana. Por culpa de la mayoría de la clase política que gobernó y gobierna el Perú y que sigue viviendo en el escándalo y la corrupción. Pero por mas que queramos deslindar nuestra responsabilidad por la crisis social que asfixia al Perú, compartimos demasiados hábitos que nos hacen muy parecidos a quienes culpamos y criticamos. Porque aún creemos que la criollada se tiene que celebrar como si fuera parte del orgullo nacional. Somos vivos y por eso compramos facturas para pagar menos impuestos; ganamos los trabajos no por nuestro esfuerzo o talento, sino gracias a una pequeña "coimisión"; nos colamos en la fila para que nos atiendan primero; aceleramos en ámbar y nos pasamos la luz roja porque así llegamos mas rápido. Somos tan vivos, que si no encontramos estacionamiento nos ponemos en el espacio azul reservado para las personas con discapacidad; robamos la señal de cable, robamos electricidad y no nos consideramos ladrones; reclamamos que haga justicia y se acabe la corrupción pero le pagamos 5 soles a un policía para que no nos ponga papeleta o al juez para que abogue por nuestra causa. Jamás le damos el pase a un transeúnte en el cruce peatonal, porque en el Perú si no eres vivo, no eres nadie. Pero si somos tan vivos, porqué le tocamos bocina al semáforo en rojo como si este fuera a escuchar nuestra ansiedad; porqué tiramos la basura en la calle como si la ciudad perteneciera a cualquiera menos a nosotros; porqué no quedamos callados y nos protestamos cuando el chofer de la combi no deja de cometer imprudencias; porqué estamos tan interesados en saber que vedette trampea con que jugador, en vez de conocer algo sobre nuestra historia, nuestra economía, nuestra literatura o al menos saber cuales son nuestros derechos mas elementales. Porqué sentimos que se nos hace un favor cuando un empleado del estado nos atiende, porqué dejamos que un panetón sea el mejor argumento de un político para llevarse nuestro voto, porqué cuando alguien hace algo bien decimos que parece hecho en el extranjero como si eso fuera algo mas meritorio, porqué no nos sentimos orgullosos de nuestra diversidad cultural y porqué si somos tan vivos, seguimos alimentando este circulo ambicioso que no nos deja avanzar como sociedad y nación. Es cierto que nuestros niveles educativos dan pena y si queremos llegar a ser un país con posibilidades de desarrollo se tiene que invertir en escuelas y capacitar a los maestros, pero de que nos servirá una buena educación fuera de casa, cuando dentro educamos a nuestros hijos dando nuestro peor ejemplo. Es cierto que se necesita medidas urgentes para frenar la ola de delincuencia y violencia que azota al país, pero de que nos servirá pacificar las calles cuando en nuestros hogares la violencia física y psicológica parece haberse institucionalizado. Es cierto que se necesita una verdadera reforma judicial para que en el Perú se pueda hablar de justicia, pero de que servirá avalarlo cuando la mayoría de nosotros sigue alabando la ley del mas fuerte, del mas rico, del mas vivo. Es cierto que para reducir los conflictos sociales se requiere del diálogo, pero de qué nos servirá ese diálogo si seguimos pensando que dialogar es imponer nuestras ideas y no escuchar al que piensa diferente que nosotros. Es cierto que necesitamos mejores leyes de inclusión social y muchisimos mas proyectos de integración, pero de que nos servirán estas leyes y proyectos si hasta el día de hoy la publicidad peruana define nuestros estratos socio-económicos por el color de la piel, y a nadie le parece raro si hasta el día de hoy seguimos avergonzándonos de nuestras diferencias o sintiéndonos superiores por estas mismas diferencias. Es cierto, es mucho más fácil echarle la culpa de absolutamente todo a nuestros gobernantes, pero la realidad es que el Perú se hunde a una exacta proporción a esa viveza que alimentamos todos, día tras día. Sí, somos nosotros la materia prima con la que se hace este país y si no corregimos nuestros hábitos, si nuestra materia prima sigue adulterada, cualquier producto que hagamos también saldrá adulterado. Y por más logros que tengamos en nuestra economía, en los deportes, en las artes, en nuestra cocina, por mas orgullosos que nos sintamos de nuestros representantes, de nuestra historia, de nuestras maravillas o de nuestra creatividad, si no cambiamos nuestros hábitos seguiremos preguntándonos en qué momento se jodió el Perú. Yo ya estoy harta de esa pregunta, estoy harta de ver como un país con tantas oportunidades y posibilidades, con tantas riquezas naturales y con tanta historia tenga que seguir viviendo en el subdesarrollo solo porque no nos creemos capaces de vivir de otra manera. Estoy harta de que las desgracias de nuestros vecinos sean nuestro mejor consuelo, harta que de solo el "¡Sí, se puede!" sea una fracesita solo hecha para un partido de fútbol y que no podamos aplicarla en nuestra vida. Aunque te cueste creerlo, sí podemos, claro que podemos pero depende de que tú y yo comencemos a trabajar en ello de una vez por todas. Porque la transformación del país a una nación desarrollada ya no está solo en cancha de los políticos o los poderosos y no está en el terreno de los milagros. La transformación del Perú está en la capacidad de hacernos responsables de nuestros actos y de revelarnos contra nuestra viveza. La transformación del Perú esta en mí y está en ti, está en todas nuestras organizaciones y en la posibilidad de trabajar juntos con verdadera responsabilidad social.
Que pasaría si cambiamos la pregunta, si por ejemplo ahora te pregunto ¿en qué momento se arregló el Perú?, qué me dirías? Aunque te parezca una pregunta demasiado ingenua tenemos que creer en ella, y la respuesta esta en nuestras manos.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario