lunes, 28 de octubre de 2013

Nunca olvidé del todo el daño, de esas noches y de sus insomnios, esperándote, sin saber quien eras. Yo simplemente me tumbaba en la cama y notaba un vacío que no podía abarcar con los brazos. Sé que en realidad no, pero a veces se me paraba el corazón. Hacía demasiado frío la ausencia prolongada. La soledad crónica. La ausencia constante. Luego te encontré un martes, desde ese entonces ya no he vuelto a llegar tarde a ningún lugar. 

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