miércoles, 20 de noviembre de 2013

Tú, tú, tú

No sé si te conocí porque estabas escrito en mi historia o porque de último momento decidí cambiarme de camino. No sé si la hora, el momento, el lugar estaba de acuerdo conmigo o con el daño. No sé la verdad porqué te acercaste con una botella de vodka barata a preguntar mi nombre mientras me sonreías sabiendo que me ibas a atrapar. Tal vez no solo fuiste tú quien participó de este juego tan sublime, si no yo, la que hizo que todo esto tuviera un comienzo determinado.
No sé porque salimos esa noche juntos y decidimos poner a prueba la creación de ese beso profundo, de esos que no dejan respirar, de esos que solo existen cuando el tacto se vuelve mas importante que una palabra. Teníamos las cosas clara, pero se fundamentaban de forma separada, sin las condiciones, sin el presente. No sé porqué se me hacía irresistible no mirarte a los ojos y hablarte con ellos y que a sorpresa mía, me respondieras, que supieras el lenguaje de mi mirada sin que yo te enseñara los secretos que guardan mis palabras. Sabías que poco a poco me matabas dulcemente con tu mirada, lo sabías. Sabías lo bien que me hacía sentir tu mano acariciando cada línea de mi figura histórica, cada línea comunicativa de mis manos, cada sonrisa que dibujaba si te enganchabas a mis labios para volverlos a besar una vez mas. Enamórame con tu sonrisa, enamórame todo lo que quieras, no le tengo miedo a tu miel ni a las heridas que puedas dejar en mi nido. Te he demostrado lo fuerte que soy con esas cosas, te he hecho saber casi toda mi vida con puntos y comas, te dejé que vieras mi inocencia y que supieras de que aquí el daño no existe para ninguno de los dos, puedo sanarte las heridas si me dejas, sin que vuelvas a pasar por lo mismo, sin dejar marca en tu libro. Te he mantenido en un aura donde casi nadie llega a entrar y donde tu aroma afortunadamente no tiene fecha de caducidad. 

Mírame, porque me haces entrar en todos mis sentidos, hasta en los que no tengo. Sonríeme, porque a pesar de todo, me gusta amanecer con el sol de tu sonrisa. Háblame, escríbeme, grita mi nombre cuando sueñes profundamente y susúrralo como pidiendo un deseo cuando despiertes. Acaríciame, muérdeme el labio y déjalo latiendo, entrelaza tus dedos con los míos, abrázame cuando duermas y aléjate del miedo. 

Búscame... porque yo aún te sigo esperando. 

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