martes, 21 de enero de 2014

Me gusta soñar los sueños de un desconocido

Meterme a la mente.
Meterme a su cama, en su mesa. Estar ahí presente sin que él me llame.

No importa si no sabe mi nombre ni yo el suyo, da igual. Lo importante es que sueñe y yo poder alimentarme de ello. 

Sueña. No tengas miedo e imagina. Déjate llevar por lo que no puedes realizar. Para eso están los sueños, para vivir lo que nunca te atreverías a hacer. 
Sueña que yo me ocupo de todo lo demás. No importa si sueñas largo o corto, lo importante es que lo sientas y que cuando despiertes sientas como si haya sucedido en realidad. Vive tu sueño, vívelo.

No me digas tu nombre, no la cagues de esta forma. Porque me gusta sentir ese misterio del significado tu cara. Me gusta que con el tiempo, conociéndote poco a poco, pueda adivinarlo. La persona, siempre y de alguna manera, se relaciona con el nombre. Es así. Así que no me digas tu nombre que yo lo adivinaré. Te lo aseguro.

Bueno, concentrate en lo que quieres y sueña por lo que más quieras. Si sientes que no vives la vida al límite, pues por lo menos, vívela en tus sueños. Mantén el control de tu vida, hasta de lo irreal. Mantente vivo en todo momento, aquí o allá, tu lo puedes controlar.

Deja de seguir guardando el dolor en el congelador, como si quisieras que dure más. Deja todo lo que estés haciendo y vete a la cama a crear. No hace falta que me llames, yo apareceré cuando menos te lo esperes. No hace falta que me esperes, porque me llamarás cuando vuelvas a soñar. 

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