miércoles, 15 de octubre de 2014

Lo hermoso de la muerte

Me mataba lentamente. Quizá él no lo sabía, pero lo cierto es que querer demasiado a alguien es también otra forma de morir.

Dejarse llevar es lo mas fácil que he podido realizar hasta ahora, pero solo cuando pienso en su nombre o en sus ojos acompañado de su mirada que me persigue constantemente. Dejarse llevar como una niña, como queriendo escapar de todo hasta morir en un crudo e indeseado choque que te trae de vuelta a la realidad.

Según sus heridas, no creo que le hayan dicho alguna vez en su vida lo profunda que es su mirada cuando se torna sensible, lo cálido que es cuando deja mostrar lo que esconde detrás de la piel. 

No creo que tenga el valor de decirle que me duele la herida cada vez que se vuelve a marchar, cuando desaparece sin ningún aviso anticipado, sin ninguna solución y sin anestesia. 

Y de esta forma es como me sigo matando lentamente, sin que me importe nada, porque la vida también nos llega a matar en algún momento y aún así, nos llega a parecer hermosa.

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