lunes, 16 de marzo de 2015

Un vino y un par de cervezas

Cuando decidimos que la diversión personal está por encime de querer al prójimo, algo no funciona en el ser humano. Queremos tener todo pero no ofrecer nada. "Sin compromiso", "No quiero nada serio", "No es mi momento". Son algunas de las frases estrella que te lanzan de primera, sin anestesia. Sin tiempo de conocerse, sin tiempo de saber cómo es la otra persona. Simplemente un NO rotundo al amor, como si supieran realmente de que se trata. Y en esos casos, hay veces que dan ganas de salir corriendo, ¿quién dice que la otra persona sí esté buscando su media naranja? Ni siquiera deja un mínimo resquicio a saber si realmente pudiera ser quien tienes en frente tu media naranja, o tu medio lo que sea. 

Ahora sólo hacen falta un par de cervezas y no invertir el tiempo necesario para llegar a saber si te gusta. Si le gustas. Siempre todo deprisa, lo más rápido posible para llegar a intimidar sin intimidad. Sólo sexo y con los sentimientos desvestidos como la ropa. 

Luego lloran. Ellos; que jamás encontrarán a una mujer con la que asentar cabeza, porque a todas les gusta mucho tontear, porque tienen cinco conversaciones abiertas a la vez con cinco chicos diferentes, porque hoy quedan con uno y mañana con otro, y "si tengo suerte hoy quedará conmigo". Ellas; porque son todos unos cerdos, "no saben valorarme", solo quieren sexo y "yo no soy de esas". Pero la realidad es que ellos hacen exactamente lo que critican y ellas sí son de esas. 

Las relaciones se complican porque queremos que se compliquen, porque nos hacemos egoístas y sólo queremos pasarlo lo mejor posible, sin tener en cuenta a quien tenemos al lado. Hasta que llegue. Y cuando llega, hay quienes quieren evitarlo. Cerrarse en banda, convencerse de que están mejor solos, que no merece la pena porque te van a fallar. Son unos cobardes. Y ellas, abandonándose a lo primero que se les presente, porque todas sus amigas tienen algo y "yo estoy sola". 

Nos obcecamos en hacer difícil algo que realmente no lo es. Si te gusta, demuéstraselo. Si quieres estar con ella (o él), demuéstraselo. Si te arrepientes de haberle fallado, demuéstraselo. Pero no sean serios y orgullosos. Mejor dicho, no sean cobardes. 


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